Sequedad, irritación o conjuntivitis: por qué los problemas oculares aumentan durante el verano

La radiación ultravioleta no es el único riesgo para la salud ocular durante el verano. El aire acondicionado, el viento, la arena, el cloro, el agua del mar o el contacto con las cremas solares también pueden alterar la superficie del ojo y provocar molestias, según Cigna Healthcare

En plena temporada de playas y piscinas, y con el aire acondicionado funcionando durante buena parte del día, los ojos están expuestos a condiciones diferentes a las del resto del año. La mayor radiación solar, el contacto frecuente con el agua, el viento y la arena, junto con hábitos como bañarse con lentillas, pueden alterar su equilibrio natural y favorecer la aparición de sequedad, irritación, conjuntivitis o infecciones. Y, aunque muchas de estas molestias comienzan con un simple enrojecimiento, picor o sensación de arenilla, identificar su origen y actuar a tiempo puede evitar que evolucionen hacia lesiones en la córnea u otras complicaciones.

Estos problemas responden principalmente a dos tipos de exposición. Por un lado, la radiación ultravioleta puede causar un daño acumulativo en las estructuras internas del ojo y aumentar el riesgo de determinadas patologías a largo plazo. De hecho, la Organización Mundial de la Salud estima que aproximadamente el 5% de la carga mundial de cataratas puede atribuirse a este tipo de radiación. Por otro, las condiciones ambientales propias del verano afectan directamente a la superficie ocular, ya que el aire acondicionado, el viento y el calor aceleran la evaporación de la película lagrimal; el cloro, el agua salada o las cremas solares pueden irritar la conjuntiva; y la arena y otras partículas en suspensión pueden provocar pequeñas abrasiones en la córnea.

La combinación de estos factores puede tener un impacto mayor en personas con síndrome de ojo seco, blefaritis u otras alteraciones previas, así como en quienes utilizan lentillas, especialmente si las mantienen durante el baño. Además, según el Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas, alrededor del 30% de la población no revisa su visión de forma habitual. Por ello, adaptar la protección a cada situación, incorporar medidas sencillas de prevención y prestar atención a los síntomas que persisten puede ayudar a reducir buena parte de los problemas oculares propios del verano.

«La prevención en salud ocular no depende de una única medida, sino de adaptar la protección a cada situación. Las gafas de sol homologadas son fundamentales frente a la radiación ultravioleta, pero no evitan la sequedad provocada por el aire acondicionado ni la irritación causada por el cloro o la arena. Mantener una buena hidratación ocular, retirar las lentillas antes del baño y evitar frotarse los ojos cuando entra una partícula, son gestos sencillos que ayudan a preservar la superficie ocular y a reducir el riesgo de complicaciones», señala la Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E-Health Medical Manager de Cigna Healthcare España.

Por todo ello, los expertos de Cigna Healthcare comparten cuatro recomendaciones para proteger la salud ocular durante el verano:

  • ·Reducir la sequedad ocular. Evitar que el aire acondicionado incida directamente sobre el rostro y mantener una temperatura moderada, entre 24 y 26 ºC, ayuda a limitar la evaporación de la película lagrimal. También conviene evitar diferencias bruscas entre el interior y el exterior, ventilar las estancias periódicamente, mantener una buena hidratación y utilizar lágrimas artificiales cuando hayan sido prescritas o recomendadas por un profesional.

  • Prevenir la irritación y conjuntivitis. El uso de gafas de natación limita el contacto del ojo con el cloro y otros agentes presentes en el agua. Después de bañarse, es recomendable aclarar los ojos con agua dulce y evitar frotarlos si aparece escozor o enrojecimiento. En el caso de quienes utilizan lentillas, es preferible retirarlas antes de entrar en la piscina o en el mar para disminuir el riesgo de infecciones o irritaciones.

  • Proteger la córnea frente al viento y la arena. Cuando haya viento o arena en suspensión, las gafas de sol envolventes ofrecen una barrera adicional frente a la entrada de partículas. Si entra un cuerpo extraño en el ojo, no hay que intentar retirarlo frotando, sino lavar la zona con abundante suero fisiológico o agua limpia. Si las molestias persisten, aumenta el dolor o aparece visión borrosa, conviene acudir a un profesional sanitario.

  • Limitar el daño provocado por la radiación ultravioleta. Utilizar gafas de sol homologadas con filtro UV400 o capaces de bloquear el 100 % de la radiación UVA y UVB sigue siendo la medida más eficaz para reducir el daño acumulativo sobre los ojos. Esta protección puede reforzarse con gorras o sombreros de ala ancha y evitando exposiciones prolongadas durante las horas de mayor intensidad solar.